

¿Unas gafas de sol?
A veces pienso, que te has tenido que portar muy mal en otra vida para trabajar en las tiendas de conveniencia de las gasolineras de Repsol.
Sí, esas en las en las que tú te pones la gasolina y en teoría entras sólo para pagar... o al menos esa es la teoría.
De vez en cuando, la persona que te atiende tras el mostrador, te cobra y te desea un buen día. Pero el resto de días me suelen deleitar con un breve capítulo de “quien mató la venta”
Para ser finales de mayo, parece que estamos en mitad de agosto.
El domingo pasado , a primera hora de la tarde y con una temperatura rondando los 30 grados, cerraba la tapa del depósito de gasolina y colgaba la manguera en el surtidor.
Ahí me tenéis, en plan dominguero, con bermudas, camiseta, gorra y mis Rayban llegando al mostrador, entregando las tarjetas de Solred y Travel.
- “El Dos” – le digo, mientras me giro para confirmar visualmente que ese es el número de mi surtidor.
La Eficiente dependienta, me pasa las tarjetas por los correspondientes datáfonos y mientras voy a firmar me pregunta:
- ¿No quieres unas gafas? – mientras su mano se mueve hasta un expositor de gafas de sol que tenía a no menos de 2 palmos de mi cara.
Por un momento me quedo pensativo … - Juraría que llevo unas gafas puestas – mientras que, efectivamente, confirmo que llevo mis gafas de sol puestas.
- ¿Perdón? - Mis gafas de sol no dejan ver mi mirada de WTF
- ¿Que si quieres unas gafas de sol? – Me repite la dependienta
- Esto…. ya tengo unas gafas de sol – mientras se las señalo con mi índice y por si no se ha percatado.
- ¿Y no quieres unas de recambio? – La mujer contrataca.
En ese momento, cierro mis ojos, los mismos que la trabajadora no puede ver porque llevo “mis gafas de sol” y respiro profundamente mientras pienso que algún lumbreras, le ha sugerido a la trabajadora que hay que colocar las gafas de sol a toda costa. Parece ser, que con la gasolina a 2 Euros no deben tener suficiente.
Ante lo que se presentaba como una conversación de besugos intento salirme educadamente y le contesto.
- Es que tengo la vista muy delicada y mis gafas son graduadas – pensando que me retiraba airosamente.
- ¿Y no quieres unas para regalar? – Parece que la mujer ha cogido fuertemente a la presa y no la quiere soltar.
- ¡Pues no, gracias! – vuelvo a responder educadamente
- ¿Está seguro? – Me pregunta porque me debe ver super dubitativo.
Finalmente, y tras varios envites de la voluntariosa trabajadora, la corto y le digo que no estoy interesado en las gafas de sol y que muchas gracias.
Ya una vez en el coche pienso para mí - Lo que daría por estar presente en esas reuniones comerciales y ver como animan a sus equipos de venta a colocar las susodichas gafas de sol.
Hasta sería capaz de comprar unas gafas sólo por asistir.
En tema comercial, se suele hacer referencia al concepto del Vendedor Paliza, y se remarca la idea de evitar convertirnos en esta figura, porque normalmente se consigue el efecto contrario al deseado. Que no nos compren, y que encima nos pongan en la lista negra.
De hecho, hasta me decepciona si no me intentan colocar alguna cosa al ir a pagar a una Gasolinera Repsol.
¿Y si en lugar de un Vendedora Paliza hubiera sido una Vendedora Eficiente?
¿A parte de Gafas de Sol, tienes otros productos?
¿Por qué no ofrecer otros productos si ves que tu cliente ya tiene el producto que estas ofreciendo y no lo quiere sustituir?
¿Y si le ofreces un producto complementario al producto principal que estoy utilizando y que no quiero cambiar?
Supongo que algunas gafas venderán, ¿pero a qué precio? Y no me refiero al coste de producto.
Seguramente, a los pobres trabajadores les están obligando, por no decir imponiendo que avasallen a los clientes a colocar esto productos, y es posible que la actitud de los clientes se convierta en evasiva del centro. ¿Es esa la reputación que quiero en mi negocio?
Podríamos hablar del tipo de comercio o de otros factores para defender ese comportamiento o de esa política comercial, pero tenemos que valorar las consecuencias.
Como apunte adicional. En llamadas telefónicas, siempre que llamo a un cliente potencial , me gusta preguntar al principio si tiene un par de minutos o si le pillo en mal momento, y no es puerta fría, si no que previamente nos han contactado. Valoremos a nuestro interlocutor y valoremos su tiempo y sus intereses.